La motivación en la oficina (I)

Desde hace un par de días, es noticia el hecho de que la Organización Mundial de la Salud, haya reconocido como enfermedad laboral el síndrome del «Trabajador Quemado» o » Burnout». Este término, acuñado ya en el año 1974 por un psiquiatra estadounidense, está provocado por un estrés en el trabajo de tipo crónico, es decir, acumulado a lo largo de varios años. Se manifiesta en mayor medida en aquellos profesionales que trabajan de cara al público, pero afecta de forma general, al 10% de los trabajadores. Entre los múltiples síntomas que podemos señalar, destacan la irritabilidad, el agotamiento, un bajo rendimiento y sobre todo, una falta absoluta de motivación. Estos síntomas, muy parecidos a los de la depresión, difieren en que, mientras la depresión engloba la vida en general, el «Burnout» se circunscribe únicamente en el entorno laboral.

Esta demostrado que la satisfacción en el trabajo repercute en la productividad, efectividad y compromiso de nuestro trabajo. En este sentido, empresas y trabajadores le prestan cada vez más atención a mejorar el ambiente de trabajo e incrementar la motivación.

Esta semana te hablaremos sobre las pautas que, como trabajador, se pueden seguir.

En principio, podemos empezar por convertir nuestro espacio de trabajo en un lugar agradable, en el que nos sintamos cómodos, decorándolo con algún objeto personal o de acuerdo con nuestros gustos. Teniendo en cuenta la cantidad de horas que pasamos en la oficina, este hecho es importante, pero no menos que el de conocer al resto de los compañeros, interesándose por ellos, para lograr un buen ambiente laboral. Si nos rodeamos de personas positivas, nuestra jornada laboral será más agradable y nuestro estado de ánimo mejorará.

Muchas veces, no es tanto la falta de motivación como la pérdida de la misma. Para evitar estas situaciones causadas en la mayoría de los casos por frustraciones profesionales derivadas de no conseguir determinada metas, es conveniente que éstas, sean alcanzables, e ir poco a poco hasta conseguir a largo plazo el objetivo final.

Y como siempre, todo ante la vida es actitud. Los cambios nos cuestan a todos y aunque no siempre nos gusten, siempre será preferible recibirlos sin miedo, de forma positiva para que nos hagan evolucionar profesionalmente de la mejor manera. En este sentido una actitud positiva es fundamental a la hora de asumir tanto los éxitos como los errores laborales, hay que ser consecuente con ambos y nunca, nunca, dejar de valorarse.