La forma sigue a la función: cien años de la Bauhaus

Este año se cumple el centenario de la fundación de la Bauhaus. En concreto, el uno de abril de 1919 la Escuela abrió su puertas para cambiar enteramente el concepto de diseño. Bajo el lema «la forma sigue a la función» su objetivo fue siempre combinar la estética y el uso de cada pieza diseñada.

La Bauhaus o «Casa de la Construcción Estatal» tiene su origen bajo la unión de la Escuela de Bellas Artes y la Escuela de Artes y Oficios, dando lugar a la Escuela de Artesanía, Diseño, Arte y Arquitectura y siendo la primera escuela de diseño del siglo XX.

Su fundador, el arquitecto Walter Gropius, fundió arte y tecnología, dando gran importancia al trabajo artesanal para conseguir por medio de la unión de todas las artes, un nuevo concepto del diseño qué, más que una nueva estética, para él, constituía una actitud.

Esta nueva concepción del espacio, diseñado según la función que iba a cumplir, y la integración de todas las artes en este cometido, confirió a la escuela su carácter moderno que aún perdura. El uso de materiales como el vidrio, metal, acero, cuero o plástico son de lo más normal hoy en día, pero en su momento, fue una gran innovación. Este hecho obedece a la visión global del sistema de enseñanza artística que se dio en la escuela: los alumnos debían trabajar en los diferentes talleres de mueble, tejido, metal, alfarería, etc.

Pero hasta que su compromiso político e ideología crítica provocaran dicho cierre, la escuela tuvo tres etapas bien diferenciadas:

La primera etapa (1919-1923), con sede en la ciudad de Weimar, se caracterizó por un diseño práctico y funcional de líneas simples y colores primarios, en donde se dio gran importancia a los métodos artesanales. Sus creaciones pasaron a formar parte de una cadena de producción industrial que comercializaba sus productos haciéndolos así, accesibles a todo el público. De esta forma el arte se puso al servicio de las necesidades de la sociedad y por medio de la comercialización de sus productos pudieron independizarse económicamente del Estado. Por este motivo, a modo de control, el gobierno exigió a la Escuela la realización de la primera exposición de la Bauhaus.

La segunda etapa (1923-1925) supuso un cambio de dirección, introduciendose las ideas del constructivismo ruso y el neoplasticismo, donde prima la eliminación de lo superfluo, dejando solamente lo esencial. En esta fecha se estableció un nuevo estilo tipográfico que revolucionó el diseño de las publicaciones.

La tercera etapa de la Escuela (1925-1933) transcurrió en uno de los edificios más emblemáticos de la Bauhaus en la ciudad de Dessau. Esta etapa se caracterizó por el objetivo de promover el trabajo en equipo y la relación entre los ciudadanos y la escuela. Fue la época de las grandes fiestas temáticas celebradas para potenciar la oferta cultural de la ciudad. En 1932, la llegada de los nazis provocó un nuevo traslado de la Escuela a la ciudad de Berlín, hasta que finalmente, fue clausurada en 1933.

Hoy en día la estética Bauhaus, minimalista, simple y sin apenas ornamentación sigue vigente. Las líneas rectas, los diseños geométricos, la combinación de acero y cuero y, colores como el blanco, el negro y el gris están presentes en el sillón Wassily o la silla Barcelona, piezas entre otras, de las que se siguen haciendo producciones limitadas.

Con relación a este centenario, son varias las acciones o muestras que se están acometiendo para conocer de forma más amplia, la historia de la Escuela y su legado; entre ellas , el pasado seis de abril se inauguró el Bauhaus Museum Weimar; el próximo 8 de septiembre será inaugurado el Bauhaus Museum Dessau y por último en 2020, la ciudad de Berlin acogerá, tras una amplia renovación y ampliación, el Archivo Bauhaus.