La evolución de la silla

Desde la primera pieza encontrada en Egipto en el s. XlV antes de Cristo, a las ergonómicas actuales, la silla, es una parte del mobiliario que no ha dejado de evolucionar a lo largo del tiempo, y cuyos continuos y nuevos diseños, intentan mejorar los anteriores. La silla, refleja a la perfección la sociedad de su época, y evoluciona conforme a ésta.

De igual forma, su razón de ser también ha evolucionado. En el antiguo Egipto la silla se concibe como un símbolo de poder y diferenciación del faraón con respecto a su pueblo, situándole por encima de él. En Grecia y Roma, las sillas, elaboradas y decoradas con materiales de calidad como el marfil y la plata, constituían el trono de los monarcas. Igualmente, en la Edad Media, la silla solamente la usaban monarcas o altos mandatarios de la iglesia y, no será hasta finales del siglo XVlll, cuando la silla deje atrás su simbología de poder y autoridad para asignarle la funcionalidad que tiene hoy en día y generalizar su uso.

Derivado de este uso común, de la cantidad de tiempo que estemos sentados y de su destino funcional, la silla se ha ido adaptando a las necesidades de cada usuario. No es lo mismo una silla diseñada para decorar, en donde prima la estética, que otra hecha para pasar en ella las horas de una jornada laboral, en cuyo caso, además de primar el diseño, importa también la comodidad.
De esa adaptación a las necesidades del usuario, surge la primera silla de trabajo con ruedas. Concretamente fue Charles Darwin quién en 1840, para poder moverse cómodamente por su laboratorio, cambió las patas de su silla por las de su cama, dando lugar a la primera silla con ruedas.

En este sentido son muchos los cambios que la silla de oficina ha sufrido hasta llegar a las actuales sillas ergonómicas que encontramos en nuestras oficinas. No sólo nos referimos a las calidades de los materiales en función del estatus del usuario (jefe o empleado), sino también a aquellas fabricadas para una profesión, sin importar las características físicas de la persona que la va a utilizar.

En la actualidad, muchos trabajos exigen permanecer sentados durante bastante tiempo, adoptando una postura perjudicial para nuestra salud. Así, con la idea de cuidar la salud del trabajador y generar ambientes de trabajo saludables, surgieron las sillas ergonómicas, diseñadas en función del tamaño de cada usuario, la forma del cuerpo y el tipo de trabajo, cumpliendo tanto su función práctica como decorativa.

Una de las características fundamentales de la silla ergonómica es que puede regularse la altura del asiento, aspecto fundamental para que los pies puedan descansar apoyados en el suelo. Igualmente la anchura y profundidad de la silla es de gran importancia a la hora de apoyar correctamente la espalda y evitar así problemas de salud. Los apoyabrazos ajustables permiten que brazos y hombros descansen cómodamente mientras que un tapizado transpirable garantiza la comodidad.

La silla, al responder a las necesidades individuales de cada usuario, es fruto de su adaptación a los ritmos de trabajo que las nuevas tecnologías imponen por lo que, es un objeto en constante evolución.