¿Cómo debe ser el suelo de la oficina?

A la hora de diseñar la reforma de una nueva oficina, tan importante como la organización de espacios, el mobiliario, la iluminación, etc. es el suelo elegido. No es un tema baladí aunque lo parezca y, su elección, va más allá de la mera estética o funcionalidad, pudiendo llegar a ser en algunos casos un tema de salud laboral. Por ello a la hora de elegir un suelo debemos tener en cuenta dos cuestiones de suma importancia:

Desde el punto de vista estético, independientemente de la decoración de la oficina, es importante porque el suelo refleja, si así lo queremos la imagen corporativa utilizando texturas y colores acordes con nuestra marca.

Por otra parte, y tan primordial como la primera cuestión, es fundamental establecer qué uso se le va a dar a ese suelo y qué frecuencia, de donde derivará la resistencia y mantenimiento del mismo. En este sentido, los suelos más comúnmente usados para oficinas son la moqueta y el suelo vinílico, Hoy por hoy, existen gran variedad de diseños de fácil colocación, por si fuera necesaria su sustitución en caso de deterioro qué, además, aíslan acústica y termicamente en los casos necesarios.

Pero sin duda alguna, dependiendo de varios factores, quizá lo más conveniente, aunque no estrictamente necesario, sea poner un suelo técnico. La instalación del cableado por debajo del mismo permite que podamos instalar los puestos de trabajo de forma diferente a la colocación tradicional, que ponía las mesas junto a las paredes por ser donde estaban colocados los enchufes. La mejora de las nuevas tecnologías como el Wi-Fi nos ha liberado de gran parte de los cables pero, sin duda, una oficina sigue necesitando una gran cantidad de superficie cableada, sobre todo en espacios muy particulares como pueden ser las salas de servidores que necesitan unas características especiales.

Por último, pero no por ello menos importante, la elección del suelo es fundamental a la hora de minimizar los efectos de la electricidad estática. El movimiento de los trabajadores, la sequedad en el ambiente, los tejidos sintéticos y por supuesto la conductividad del tipo de suelo, son las causas que lo provocan y, es motivo de queja frecuente junto con una mala iluminación, climatización y acústica.

En definitiva, técnico o no, de su elección depende no sólo nuestra imagen corporativa, sino un ambiente laboral estéticamente bonito y saludable.